esde donde estoy veo como se generan elegantes imágenes de paparazzi de los años setenta: cómo coge el café y se sirve azúcar, hablando distendida con sus conocidos, cómo se distrae y pasea la mirada…Come su sándwich a grandes mordiscos. A veces habla con la boca llena, con un carrillo hacia un lado, como si fuera un niño malo de Norman Rockwell. Sin tener ninguna relación pienso en Brigitte Bardot, después me viene a la cabeza Patti Smith. No sé por qué, también aparece en la galería Romy Schneider. En un momento reúno a un sinfín de caras sentadas frente a mí. Decido quedarme solo con Lea.
Si tuvieras que escribir tu autobiografía, ¿cómo comenzarías? Puedes elegir un recuerdo de la infancia o sencillamente un principio.
Es un poco difícil, déjame pensar… Quizá lo haría partir del hecho de que no era una buena alumna. Era muy tímida y supongo que es por eso por lo que al final mis pasos me llevaron a un escenario, para poder expresarme cómodamente, en mi manera de hablar, con mi cuerpo…
¿Cúando supiste que querías ser actriz y cuándo te convertiste en una?
No hubo un momento en el que me diera cuenta de que me había convertido en actriz. Creo que es algo bastante natural para mí, casi como el color de mi pelo o algo parecido. Después de hacer mi último examen me pregunté qué era lo que iba a hacer con mi vida. Hubo un tiempo en el que quería ser cantante, que es mi verdadera pasión, y más adelante decidí ser psicóloga. Pero cómo ya te he dicho, mi inclinación natural se impuso y, sin pensarlo, me vi delante de una cámara.
Si quieres leer el resto de la entrevista y ver la sesión de fotos con Lea, acude al quiosco y hazte con el número de verano de Vanidad.