‘Sí, quiero’ en un zoo
Que nadie se lleve a engaño con el título. Hay poco caramelo en El pastel de boda. Es una comedia romántica, sí. Hay dos personas que se dicen: «Sí, quiero». Pero hay mucho más. Su director, Denys Granier-Deferre (París, 1949), lo resume así: «Un paseo por la jungla». Repasemos algunos de los personajes: invitadas que se niegan a que la sobrina con síndrome de Down del novio salga en la foto, dos mujeres que se besan en plena fiesta, una abuela con ganas de marcha, un cura curioso y una madre de familia hastiada de su marido. «Por buena o mala suerte, todo ese tipo de personas las tengo yo en mi propia familia. Nací dentro de la hipocresía, pero los quiero», afirma el cineasta francés, que regresa al cine después de pasar 20 años dirigiendo para la pequeña pantalla.
El pastel de boda es una adaptación libre de la exitosa novela escrita por Blandine Le Callet. La autora, sin embargo, escribió una carta subidita de tono al director cuando la película se estrenó en Francia. Le Callet no veía con buenos ojos que la cinta introdujera elementos nuevos que no estaban en su novela. «¿Que si hemos hecho las paces la escritora y yo? Pregúnteselo a ella», responde el director, completamente convencido de las bondades cinematográficas de los cambios que ha hecho respecto al libro, y que no se pueden contar aquí y ahora porque se desmorona todo el argumento.
Ceremonias con hipócritas
Granier-Deferre está convencido de que las bodas, en realidad, son actos sociales donde reina la hipocresía. Y eso es lo que ha querido reflejar en la película. El mensaje de El pastel de boda está claro: «No escuche las convenciones. Siga sus sentimientos y , sobre todo, deje el orgullo a un lado para que el amor dure». El cineasta se ríe cuando le preguntan si él aplica esa receta de manual en su vida privada. Y se limita a decir: «Sí, yo estoy enamorado».
El papel de flamante y blanca novia recae en Clémence Poésy, una belleza rubia de 28 años a la que hemos visto en la saga Harry Potter y en la magnífica e injustamente desapercibida Escondidos en Brujas (Martin McDonagh, 2008). Al contrario que el director de El pastel de boda, la protagonista no tiene claro si los casamientos son actos hipócritas. «He ido a pocas», confiesa con pudor. Quizá dentro de unos años, cuando haya ido a varias, ofrezca una respuesta más contundente.
Resulta curioso que Poésy haya sido dirigida por un experto en la televisión, Granier-Deferre, a pesar de que ella carece de ese electrodoméstico. El padre de la actriz, director de teatro, lo prohibió tajantemente en casa. «Cuando tuve 17 años me fui de casa . Me compré una televisión, pero a los dos años la tiré. No le encontré utilidad alguna», concluye la actriz, que acapara portadas de revistas en Francia y que ha trabajo como imagen de un perfume. La publicidad no es su segundo oficio, advierte. Es, simplemente, una manera de ganar dinero y tener así la suficiente libertad como para escoger los proyectos cinematográficos que le resulten más estimulantes. Por ejemplo, participar en 127 hours, la última cinta de Danny Boyle, autor de Slumdog Millionaire, una película que nació pequeña y terminó arrasando en los Oscar.